La enredadera del jazmín estrella
Los jazmines estrella siempre en flor,
eso es lo que mejor recuerdo.
Es increíble
cómo la distancia de unos meses,
quizás un año o dos,
me desdibuja la casa que en gran medida
me vió crecer.
Y hoy la carne es ahora otra carne,
la fruta es madura
con el corazón todavía
demasiado verde.
Y las noches ya no se llenan
tan sólo con el aire de mar lejano,
o las olas, cuando el viento sopla del Este.
Ahora hay voces, miradas, perfumes
que recuerdan al mar,
pero en un metro ochenta y cinco de alto.
Un aire de Río de la Plata
y un silencio inconmensurable
que me recuerda paso a paso,
frase a frase,
cuánto lo quiero.
Los que pasaron antes,
pasado son.
Me río, me río de quien fui
“todo tiene un motivo”, me dijeron.
Y les creí.
Y les creo.
Y el tiempo que ha pasado,
la espera,
el ansia,
los desamores,
los temores de viejos amoríos
ya caducos
ya desabridos,
no son ahora más que anécdotas,
que se entibian y desintegran
al calor del mejor abrazo.
Los jazmines estrella siempre en flor,
eso es lo que mejor recuerdo.
Es increíble
cómo la distancia de unos meses,
quizás un año o dos,
me desdibuja la casa que en gran medida
me vió crecer.
Y hoy la carne es ahora otra carne,
la fruta es madura
con el corazón todavía
demasiado verde.
Y las noches ya no se llenan
tan sólo con el aire de mar lejano,
o las olas, cuando el viento sopla del Este.
Ahora hay voces, miradas, perfumes
que recuerdan al mar,
pero en un metro ochenta y cinco de alto.
Un aire de Río de la Plata
y un silencio inconmensurable
que me recuerda paso a paso,
frase a frase,
cuánto lo quiero.
Los que pasaron antes,
pasado son.
Me río, me río de quien fui
“todo tiene un motivo”, me dijeron.
Y les creí.
Y les creo.
Y el tiempo que ha pasado,
la espera,
el ansia,
los desamores,
los temores de viejos amoríos
ya caducos
ya desabridos,
no son ahora más que anécdotas,
que se entibian y desintegran
al calor del mejor abrazo.

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